Original

marzo 24, 2012

Original

CUBA Y ARTE PORNO: LOS CAMINOS FUTUROS

junio 2, 2008

Si se reduce la condición humana a unos pocos indicadores mínimos, tal vez sea exacto decir que somos cuerpos que sienten, piensan y hablan; en el polo opuesto, beben-comen, se reproducen, duermen y callan. No se trata de un simple rejuego entre conceptos, sino de concordar en que habrá siempre un número básico de escenarios a cuyo propósito tenemos todos experiencia y opinión: el de lo pornográfico uno de ellos.

Organizada por la artista y curadora Sandra Ceballos, en el espacio expositivo denominado Aglutinador y que ella mantiene en su casa desde hace años, tuvo lugar la inauguración de We are porno, sí. Primera Exposición Anual Internacional de Arte Pornográfico en la Habana. A nivel del país, luego de más de una década de exhibiciones de arte plástico y concursos o publicación de obras literarias que tienen como tema el erotismo, esta propuesta de ahora no puede sino ser analizada como una voluntad de radicalización. A pesar de ocurrir en una incómoda noche lluviosa, la afluencia de un público integrado en su mayoría por jóvenes fue masiva. En el contexto de Cuba, donde cualquier trabajo con límites de inmediato adquiere dimensiones extra-artísticas, el hecho envuelve un gesto que merece elogio al tiempo que despierta no pocas preguntas.

Que una exposición con semejante intención sólo haya podido ser organizada en un espacio privado, ilustra a la perfección las dificultades y cautelas con las que diariamente opera el sistema institucional cubano. Sandra, ella misma una sobreviviente de las prácticas artísticas de los ochenta cubanos, una época en la cual entró al país y se transformó en rápida fiebre la idea del artista como curador e interventor social, desplazó el concepto al erigir la casa propia en improvisada galería. Una galería que opone, a la perfección aséptica propia del salón para exposiciones, un espacio en donde se torna arduo “ver” y las interacciones personales (el “estar en el lugar exacto a la hora exacta”) terminan por dar el toque último que la obra necesita para alcanzar su plenitud como tal.

II

Aunque la sensación de camaradería, el ser testigo-partícipe de un circuito alternativo, la masividad de la asistencia (lo son, en las condiciones referidas, las más de 100 persona que hubo) e incluso el estado del tiempo reinante carezcan de significación artístico, sí es correcto afirmar que nos dibujan los contornos de un verdadero hecho social y es que pocas exposiciones fueron tan esperadas como ésta, tan necesaria y visiblemente faltante; una suerte de demanda que brota del agujero mismo de la falta, un agujero que resta coherencia al universo de las artes en un determinado país y lugar y es la inscripción que señala la zona a partir de la cual termina lo posible.

Partiendo de considerar ´´pornografía´´ una gama que va desde la alusión a los órganos sexuales hasta su presentación en pantalla o como elemento principal en al área de un cuadro, los artistas reunidos se propusieron usar para algo más estas “realizaciones” del deseo. Puesto que hay que asumir la combinación implícita en la propuesta global (PORNOGRAFÍA + ARTE) es justo aquí donde se revelan las sorpresas esenciales: el predominio de elementos lúdicos por sobre los dramáticos; la escasez de un plus que pida ir más allá de las imágenes y abra el diálogo hacia lecturas del dolor, la decrepitud, la muerte; el dominio de imaginarios heterosexuales; el tímido uso de la parodia y la ausencia de violencia, desesperación o escatología. En este sentido, la suma del material expuesto es más lúdica y celebratoria que exploratoria y perversa. Claro que esta opinión, si bien apunta a hechos verificables al contemplar la suma de obras exhibidas, carece de sentido si además no es contrastada con las dificultades del curador para conformar la muestra, algo a lo que Sandra (refiriéndose a la pobre participación femenina) hace alusión en una de las preguntas que aparecen en el catálogo.

III

La decisión de dar nombre a la exhibición mediante una estrategia de travestismo lingüístico que combina un auto-reconocimiento de identidad en idioma inglés (we are, lo cual instala como trasfondo el aparato de la más grande industria pornográfica del mundo) y una suerte de énfasis duplicador con la partícula afirmativa en español (sí) desvía el mensaje hacia la tradición cubana, la hipocresía social y, no en último grado, el aparato de la institucionalidad nacional. La reunión de obras de autores consagrados de varias generaciones (Servando Cabrera, Rafael Zarza, Chago Armada, Rocío García, Tomás Esson, René Peña, Elio Rodríguez, etc.) junto con otros muy jóvenes establece una línea de continuidad que, en las condiciones cubanas, equivale a una declaración orgullosa de supervivencia del deseo: los cuadros fueron pintados, los coleccionistas los mantuvieron y su capacidad de imantación se mantiene intacta ahora que se les puede ver. No es sólo que obras de semejante contenido desde siempre existieron (un cuadro de Servando Cabrera está fechado en 1964 y los trabajos en pequeño formato de Zarza son de 1970), sino que los jóvenes del presente amplifican dicha herencia cuando apelan al video y las nuevas tecnologías informáticas y dan muestras de una irreverencia poco menos que anarquista. En este sentido, la exposición corre el límite de lo posible más allá de la reflexión sobre el cuerpo o el erotismo (con la que hoy identificamos a artistas como Eduardo Hernández, Rocío García, René Peña y Elio Rodríguez) y nos convoca a un nuevo nivel. Ha sido inaugurado un campo.

IV

Desde tal punto, habría que entender como una convocatoria a la apertura, el hecho de que la habitual “voz autorizada”, propia de los catálogos, haya sido sustituída por una serie de preguntas hechas a cuatro críticos y curadores (tres de ellos mujeres, tres de ellos hoy día residentes fuera del país) más una joven estudiante de Historia del Arte en la Universidad de la Habana. Semejante fragmentación del lugar reservado a la autoridad, en este caso del intérprete de arte, democratiza la supuesta voz central y hace pensar que allí pudieron haber estado otros nombres, pues dentro de lo pornográfico “trabajamos” todos; a fin de cuentas, ninguno de los críticos convocados se reconoce o presenta a sí mismo como experto en el arte pornográfico, a no ser que consideremos como tal las cuatro citas de la artista futurista Valentine de Saint-Point repartidas a lo largo del catálogo y que numéricamente son casi tantas como la cantidad de críticos que en el proyecto participan.

La elección de este personaje por parte del curador tiene toda la intención de dar vida a una quinta voz, pero esta vez proveniente del pasado y con la aureola de lo mítico. Saint-Point ha cobrado importancia en años recientes no sólo por su condición de mujer, en un grupo donde la mayoría inmensa de los integrantes eran hombres, sino por haber confrontado a nivel textual la misoginia de Filippo Tomasso Marinetti, el fundador y figura mayor del movimiento. El 20 de febrero de 1909, en el diario parisino Le Figaro fue hecho público el Manifiesto futurista cuyos puntos 8 y 9 eran los siguientes:

Queremos glorificar la guerra – única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas para las cuales se muere y el desprecio de la mujer.

Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias.

En respuesta a la ideología patriarcal que tales postulados implican, y el 20 marzo de 1912, Valentine de Saint-Point publica el Manifesto della donna futurista y al siguiente año el Manifiesto futurista de la lujuria; es de aquí que fueron tomadas las citas del catálogo, que ahora vale la pena reproducir:

El arte y la guerra son las grandes manifestaciones de la sensualidad: de ellas florece la lujuria.
Es preciso ser conscientes ante la lujuria. Es preciso hacer de la lujuria lo que un ser inteligente y refinado hace de sí mismo y de su propia vida. Es preciso hacer de la lujuria una forma de arte.

La lujuria estimula las energías y desencadena la fuerza.

¡Destruyamos las siniestras baratijas románticas, las margaritas deshojadas, los dúos bajo la luna, los falsos pudores hipócritas!

La distribución de las citas de Saint-Point a lo largo de todo el breve catálogo señala que es ella quien atraviesa sobre las dispersiones y las unifica por encima de matices o diferencias; de este modo, el conjunto invita a que nos unamos a la nueva militancia.
Esto hace desear la posibilidad de segunda vuelta que el título de la exposición promete para el año venidero; una muestra que no sólo integre nuevos soportes y formatos (por ejemplo, la caricatura o la animación), sino que enrumbe por caminos nuevos, convulsione las certezas que tenemos y proponga una realidad con otros límites.

v.

A manera de postdata

No quiero terminar sin hacer dos cosas, la primera de ellas destacar mis favoritos de la exposición. Rafael Zarza, cuya calidad técnica en el dibujo es impecable y que, además, presenta un mundo de imágenes sumamente personal. Sus toros copulantes insuflan una violencia que inquiieta al tema de la sexualidad humano-animal, de larga tradición en la historia de las artes plásticas. Uno no puede dejar de pensar en la energía de toros picassianos, deformados con expresividad expresionista, al tiempo que en las reses colgadas en ganchos de carnicería que pintó Bacon; como si ese deseo masculino que llena las imágenes comunicara también una sexualidad feroz que ronda con la muerte. Una sesión de ensayo del grupo de rock alternativo Porno para Ricardo es el disparador de una caótico-lúdica sesión de desnudismo colectivo (fotografiada por Leandro Bonachea y Claudio Fuentes), en la cual participan los músicos y varias mujeres, tal vez sus compañeras; dos pantallas muestran en sucesión decenas de fotos y como fondo escuchamos la música del grupo, famoso por la irreverencia de las letras y su espectacularidad en los conciertos. Rocío García participa con dos cuadros marcados por una atmósfera de misterio y poética violencia; su mundo transcurre en el espacio privado, en la galantería de una sexualidad refinada (por el aparato de conquista) al tiempo que dura. Sandra Ceballos, cuya obra hay que leer en contrapunto con las citas de Saint-Point, despliega una cama cubierta de grandes plátanos (llamados plátanos machos en Cuba) y, en un mismo movimiento, se burla tanto de la ideología patriarcal como del mito de la mujer que sufre en soledad, tal vez la lejanía del varón: su obra se titula El más rico de todos los machos. Rubén Cruces presentó una instalación en la cual, con ánimos de contraste, con el background de una melosa pieza de Ravel y encima de un cuadro abstracto es proyectada una película pornográfica; sólo que la película ha sido contrastada hasta que las figuras ya no son más que un juego de luz y sombras, abstractas ellas mismas. El efecto de extrañamiento que tal construcción provoca (al enlazar para lo abstracto el arte plástico, el cuerpo y el cine), constituye un atractivo procedimiento que el artista pudiera desarrollar en el futuro.

Lo segundo es un breve comentario a una de las respuestas de Suset Sánchez en el catálogo y que es que no se debe de olvidar que (ya desde El sistema de los objetos se veía venir esta obsesión) la idea baudrillardiana que conecta espectáculo hiperreal y pornografía fue pensada para criticar la el hiper-consumo y la obscenidad de lo político en la sociedad liberal. Junto con ello, recordar que al crítico le es poco menos que imposible dejar de ser (aparecer como) algún tipo de experto y que la valoración existe dentro de una cadena de valoraciones en el mundo. De tal modo, aunque se haga con un poco de cinismo, es perturbador que el crítico cargue sobre sus hombros, acepte, la decisión de si un grupo humano (en este caso, los cubanos) deben o no acceder (disfrutar) de la pornografía. La respuesta negativa, con el argumento de que la tienen a diario en su cotidianeidad como opción única, descalifica la propia exposición en la cual se participa. Sin embargo, esto no es tan confundidor como la segunda justificación de la negativa: mejor que conserven la pornografía como deseo, como imagen imposible, ya que, de todos modos, si accedieran a ella se decepcionarían. No es una maldición, pero sí una condicionante del diálogo, que la locación desde la cual se enuncia carga las palabras y frases semejantes, con unos pocos retoques, igual pueden ser dichas para comunidades indígenas en Bolivia o México, para negros de Haití, campesinos birmanos o mendigos callejeros de Calcuta.

Ni devorar al Otro a nombre de una supuesta modernidad que todos debemos de asumir, ni transformarlo en un nuevo tipo de salvaje rousseaniano, esta vez destinado al tantalismo. En lugar de ello, tal vez lo justo sea imaginar la pornografía de cualquier contexto (política y corporal) y tratar de entender, desde el adentro, las batallas más o menos extendidas que se dan para la redefinición de límites. Por ello, una gran felicitación para los organizadores y artistas que hicieron posible We are porno, sí. Aseguran que esto va ser anual: ¡nos vemos en la próxima!

VARIACIÓN JAULA

mayo 24, 2008

I

Mientras más dañado, golpeado, herido, humillado, asesinado me conserves, entonces eso significará que mayor tamaño tiene lo que estimas en mí. Hay que preferir tal violencia o descenso; cualquier otra cosa es derrota. Es lo que sucede con el oro, almohadones y sujeciones suaves, pues tienes que despreciar mucho de mi condición como humano, para suponer que tales tecnologías débiles son suficientes ya para disipar cualquier riesgo. No soy ni tan sencillo ni tan mínimo y he esperado como un muelle. Por ello, paradoja, vivo en intensidad que tortura, cada nueva mañana de lamento que trago y en el secreto de semejante dialéctica crece raíz. Debo de estar medio desquiciado ya, pero encima de lo anterior me encaramo y estoy solo.

II
(películas, música y libros)

Copia de manera neurótica: pertenece a una suerte de club. Aunque no se denominan de tal modo, por lo menos aún, con cierta periodicidad se reúnen e intercambian lo que ha podido cada uno capturar, rapiñar. Puesto que, también, es paranoico, no precisa el lugar; algo sin detalles, un espacio, con sillas, mesas y todo el aditamento necesario. Mientras intercambian noticias acerca de lo último, tienen hasta la suerte de poder beber un aislado trago. Son una suerte de rastreadores en la red y en las colecciones de sus conocidos, de modo que –cuando se les suma- dan cuerpo a una especie de enorme mercado del cual ellos, mensajeros, apenas resultan la mínima punta del iceberg.

Hay algo tranquilizador (y conmovedor) en la energía y voluntad de tal búsqueda, así como en imaginar el entramado-hervidero que la posibilitan. Otra ciudad en el interior de la ciudad; el mundo, bajo superficie, de la circulación de bienes de consumo. Para llegar con alforjas llenas trabajan durante semanas y entonces el intercambio tiende tentáculos cuya derivación ya no es posible seguir; todo un vértigo de pequeñas colecciones privadas que se da cita para que ellos escojan lo exquisito.

Asiáticos, experimentales, raros, europeos postcomunistas, buceadores en lo sórdido o desestabilizadores del establishment. Tradicionales también, pero de los buenos, los que vale la pena seguir porque piensan. Centenares de horas de música y miles de libros, siempre buscando el borde que posibilita la fuga y claro que no te va a decir hacia dónde, de modo que no debes preguntar y tampoco el por qué.

Luego, en la protección que le concede la casa, se comporta autista y es el mundo en el cual se encierra adentro cada vez más. Para quien analice la escritura que hace hacia ningún lugar, ésta desborda de guiños a esa marea cultural que devora sin diálogo, que alimenta. Casi puede decir que segrega, después de las inmersiones, escritura: abrir un agujero para la cabeza que duele.

Hace años, en plena madrugada y pese a que se encontraba dormido, un sonámbulo escaló una torre de televisión. Si bien el cuento que circula acaba cuando el hombre es bajado por los bomberos, mientras debajo observan la escena grupos de vecinos asustados, puede que la realidad sea más tosca: que el dormido haya desandado el ascenso por sí solo o que la historia entera sea falsa. En todo caso, es uno de esos instantes con tal belleza poética que merece existir. El instante en el cual, a varias decenas de metros sobre el suelo, un dormido despierta para descubrir que está allá: arriba, en la punta de una torre de metal, solitario, desprotegido, donde un paso errado basta para caer en el pavimento.

¿Qué se siente entonces? ¿Qué son la realidad, la memoria, el futuro? En ese tránsito, en esa fuga, en práctica del neurótico-paranoico-autista. Individuo de la contradicción e imposible que sobrevive, aunque no te diré dónde, mi hermano. Olvida eso.

Un sábado especial

mayo 19, 2008

Estuve entre los miles de personas que, a lo largo del sábado, pasaron por el Pabellón Cuba habanero para enterarse o ser parte de la actividad central por el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia. Fue una gran fiesta en la que hubo conferencias, encuentros con activistas de la lucha contra el SIDA, lanzamiento de publicaciones, lectura de poemas, una función de teatro espontáneo, música, mucho encuentro social y más. En un cine cercano (como parte de toda una semana dedicada al homoerotismo) se había proyectado una película a la que sucedió un debate con el público, conducido por el crítico de cine Frank Padrón. En la Fundación Ludwig, hoy lunes, va a ser inaugurada en horas de la tarde una exposición de los artistas Raúl Martínez y Rocío García. En un teatro habanero se ofreció un espectáculo de danza, igualmente dentro de la jornada. La televisión nacional exhibió (sin cortes) Brokeback Mountain de Ang Lee y también hoy, lunes, habrá un programa de debate (Diálogo abierto) sobre el tratamiento a los homosexuales en la sociedad cubana. En la noche del sábado, como punto más alto, se celebró un espectáculo de trasvestis que tuvo gran asistencia de público y del cual son más que elogiosas las opiniones.

Permanecí varias horas en el Pabellón. La gente entraba y salía continuamente; en la calle, desde la cual se veía una enorme bandera con los colores del arcoíris, la vida seguía su curso y no había policías u otra señal de paranoia o control. A la entrada, jóvenes activistas repartían folletos, afiches y condones. Adentro, durante la actuación del grupo Teatro Espontáneo, bajo la dirección de Carlos Borbón, se creó tal dinámica que gente muy joven habló públicamente de su homosexualidad, de familias que los aceptan o rechazan, del orgullo por la identidad que reivindican. En el momento que la coherencia fue rota, por una joven que se confesó heterosexual, hubo primero un pequeño abucheo cariñoso, pero cuando la joven explicó que su presencia allí era apoyo, estalló una salva de aplausos. No sé la cantidad, pero tal vez unas 300 personas en ese preciso lugar de la instalación y momento. Habrá mejores plumas para describirlo y sólo confieso que me encantó la atmósfera.

Hablé con varios de las organizadores y ya estaban, allí mismo, haciendo planes para la celebración del año próximo. De las cosas que más disfruté, la asistencia masiva de jóvenes (no pocos heterosexuales, muchos con sus parejas, pero que habían venido a dar su apoyo), la creatividad de los travestis, la alegría que todo el tiempo reinó. De las cosas que no entendí, la aislada presencia de intelectuales en una ocasión que merecía que estuvieran y se les notara. No sé si a alguien se le ha ocurrido hacer un reportaje integrador de lo sucedido en esta jornada, que agregue a lo ya mencionado noticias de lo sucedido fuera de la capital cubana, pues igualmente hubo celebración (hasta donde conozco) en Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba y Provincia Habana; de manera que es posible soñar con que el año próximo tengamos una verdadera jornada de celebración nacional.

En lo personal, sentí como un honor el que me invitaran a leer como parte de un grupo de escritores formado por Nancy Morejón, Antón Arrufat, Norge Espinosa, Laidi Fernández y Nancy Alonso. Estos son los dos poemas que leí:

PATRICK STREET

A veces los matan en escaleras, detrás de automóviles, en
matorrales o cualquier construcción en ruinas; un pequeño
error y entonces la sangre sale a bailar con lascivia, que es
como lo disfruta. Pero, ahora, son los muchachos del café en
Toronto quienes bailan e imitan a sus cantantes favoritas, se
multiplican en la alegría de poder ser y ninguna otra lógica
los protege. Han venido a esta covacha que es una huída del
mundo, con trajes que debieron de haber estado preparando
durante meses, para brillar en el fulgor de unos pocos minutos
en el escenario. Son reinas entonces, hechas para el estallido
de aplausos y el tipo de camaradería que sólo van a tener aquí,
donde ahora las bocas son besadas. En cuanto vuelvan a la calle,
pueden ser cortadas, pateadas o asesinadas; a veces por robarles
y otras sólo por diversión o rabia. Por eso me asombró el que a
las dos de la madrugada salió con labios pintados de blanco,
peluca hecha con tiras de plástico y un leotal oscuro apretado
al cuerpo. Y recordé la Habana en donde igual estarían sintiendo
el hilo de música de los setenta; pero no sé, creo que más tristes.

FUEGOS DE ARTIFICIO
para Kenneth Anger

Todavía las bocas y las manos son de inocencia,
ahora que terminaron los juegos
y se exploran en la escalera semioscura.
No se me esconde el sudor,
como metáfora del deseo,
y también que no podrían explicar cómo
llegaron aquí;
sólo el flujo entre los cuerpos y la sensación
de que es eso lo que hay que hacer.
Entonces los sorprenden.

II

En fuegos de artificio la historia es narrada mediante
el agua: un jardín lleno de fuentes, el agua cayendo
de la boca de las estatuas y una figura, suponemos
que de mujer, enmascarada.

Visto de cerca, demasiado cerca, el líquido amenaza,
pero también es la delicadeza; cómo mismo, en suma
de años, se terminará descubriendo que ocurre con el
placer.

La sucesión de figuras parece escupir, condenar, y la
enmascarada huye.

III

Robaron la delicadeza: el griterío cuando no había
más meta que el conocimiento, la coloración de una
culpa en lo adelante arrastrada.

Con esa energía, como en un drenaje, los cuerpos
tomaron su camino.
No coincidió y ni siquiera se reconocerían,
no sabe si la interrupción es muerte,
pero todavía está allí y se sorprende en la escena
rota, preguntando
-como quien olvida el número de teléfono
del primer amante-
qué pudo ser.

v.